El Patriarcado desprecia la vida por el afán de Poder que lleva a convertir en propiedad las personas, los seres vivos y todo lo que puede someter. Cada hombre patriarcal escondido en su coraza -temeroso de sentir, crecer en amor y cuidar- reproduce fatalmente el orden de la realidad oficial.
La renovación del hombre patriarcal empieza por rendir el poder del ego a partir de arraigarse, recuperar su sentir y renovar el sentido sagrado de su simiente, pasa por honrar la mujer, cuidar incondicionalmente la prole y culmina al jugar creativamente en vez de competir.
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